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El Périgord es un país
Un bonito país. Lo demás únicamente es poesía, o
literatura que de vez en cuando se asemeja al genio.
El Périgord sabe que sus paisajes, sus productos lo deben todo al
Señor por haber dado un toque un poco más ligero que en otro
sitio. |
El Périgord tiene mucho éxito
Aunque muy visitado, durante los meses de verano, queda espacio para ver las
piedras de color ocre bajo el sol poniente, para pasar las tardes a escuchar la
brisa cantar en las hojas de los álamos, los pies en la onda clara,
y para dar paseos a pie, a caballo o a bicicleta bajo los castaños.
Estos momentos serán los que mejor sepan contarle este país
múltiple. |
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El Périgord es un santuario
Ha sabido preservar los valores esenciales. Se pueden reconocer perfumes que
despiertan los recuerdos los más bellos, paísajes que se parecen
a sueños infantiles, cuevas que crearon parte de la humanidad. De vez en
cuando, es agradable habastecerse en certidumbres y dulzuras en este mundo.
Además, se le ofrecerá los ríos, los castillos, el aire
puro y una comida de calidad. |
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Siguiendo las próximas páginas, le costará, a lo mejor,
saber donde ir, como respirar en este país. Dejenos guiarle gracias a
nuestra intuición. Sólo existe en frente de sí lo que
somos verdaderamente. |
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Con un albergue para dormir, todos los días, se ofrecen suavemente a los
visitantes nuevos descubrimientos en estos Périgord.
Hay que tener tiempo para descubrirlo todo : desde los lagos y los bosques del
Nontronnais hasta los recorridos de los vinos del
Bergeracois y los caminos del Sarladais.
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Y si el calor demasiado fuerte del verano le molesta, los otoños y las
primaveras son momentos soberbios para pasear en el silencio de las callejuelas
de Sarlat o entre las paredes anchas de los castillos. Las estaciones se
estiran lentamente y, de Semana Santa a Los Santos, la paleta de colores del
Gran Pintor de ahí arriba es una razón suficiente para pararse
aquí. E incluso el invierno, a veces tan triste, toma aquí, cerca
de la lumbre de una gran chimenea del Périgord, el aspecto de un templo
donde el tiempo no transcurre. Abran pues las páginas del tiempo, para
meditar o soñar, para callejear o observar y
para amar, nada
más.
 illes  ay |
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